Número 31 - Junio 2007 - Sección: Reflexiones en voz alta - Especial Ampliación
 
 
Hno. Jesús García Barriga
Presidente de la Obra Social
de Acogida y Desarrollo

¿Por qué nace, crece y se desarrolla
la Obra Social?


Esta pregunta me sirve para explicar las claves que hicieron posible esta casa y comprender la situación en la que está actualmente. Al contestarla me sitúo en clave retrospectiva, porque me ayuda a explicar su crecimiento y porque los criterios que sirvieron para su nacimiento son los mismos que la han consolidado y que la hacen crecer sin acomodarse.

Cuando los humanos asumimos nuestra responsabilidad ante Dios, asumimos una vida dinámica que nos obliga a luchar contracorriente. Se nos da la capacidad de superar la lógica humana, hasta la de la propia naturaleza. Aunque lo natural sea huir del dolor, nosotros salimos a su encuentro, para estar con el que lo padece y remediarlo, en la medida de lo posible.

Nuestra Obra es un instrumento, no un fin; un instrumento útil para todos, un espacio de encuentro que nos ayuda a ser hermanos de nuestro prójimo y ejercer como tales, después de una decisión libre y responsable. En ese espacio, podemos ocuparnos de aquellos semejantes nuestros que lo pasan mal, por las causas que sean.

Como somos conscientes de nuestras limitaciones, nos ayudamos de una herramienta como la Obra Social, que nos permite servir eficazmente a los más necesitados, con todas las garantías, en el grupo e individualmente.
La Obra es útil para quien necesita ayuda y para quien necesita ayudar. Nunca sabría discernir para quién es más útil, ni tampoco pretendo compararlo. Lo que sí sé, es que desde su génesis, hasta su desarrollo y crecimiento, hemos tenido experiencias suficientemente elocuentes de la intervención de Dios y de su providente cuidado, siempre realizado a través de diversas personas que han querido y podido unir sus voluntades para hacer posible la Obra Social.
Situándonos en esta importante etapa de ampliación, quiero compartir con ustedes la rica experiencia de asistir a la suma de voluntades en la construcción del nuevo edificio. Está siendo emocionante la generosidad derramada por infinidad de personas que nos ayudan de diferente forma, la dirección facultativa, la constructora, los asesores, los responsables de distintos oficios, obreros, funcionarios y cargos directivos de la administración, empresarios, parroquias, otras entidades y bienhechores “de a pie”. Todos a una están haciendo posible que las obras se desarrollen, que lo hagan con rapidez y que se puedan ir pagando.

Estoy seguro de que si seguimos en esa línea de generosidad, de respuesta a la solidaridad, nuestra vida mejorará, mitigaremos sufrimiento y, sobre todo, seremos luz en una humanidad que necesita este tipo de estímulos. Finalmente somos todos nosotros los principales beneficiados, por la misericordia de Dios, pues estamos abiertos a su acción, y esa acción se transmite a los demás.
Les agradezco de corazón lo que están haciendo, han hecho y les queda por hacer, a los que han estado desde un principio y siguen estando, a los que cambiaron de actividad o lugar, a los que nos dejaron para ir a la eternidad, y también a los que se incorporan.

Estoy entusiasmado por el futuro. No nos dejaremos vencer por las dificultades, y afrontaremos las situaciones de cambio con generosidad. Contamos con un ambicioso plan de intervención con desfavorecidos que contempla lo que hemos venido haciendo, la ampliación de los Hoyos, y la atención a mujeres. Nos están ayudando para ello las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús, con lo que esto supone para nosotros de continuidad y calidad de servicio vocacionado
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© 2007 Obra Social de Acogida y Desarrollo
Actualizado 12 Junio, 2007

 
 
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