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Un mundo hecho para oyentes
Las asociaciones de personas sordas
luchan por la igualdad y la integración
Uno
de los colectivos sociales de más difícil integración
es el de las personas sordas. Las discapacidades físicas,
a veces, se pueden suplir con sillas de ruedas, muletas, robots,
ordenadores, etc., pero las sensoriales, como la sordera, afectan
al conocimiento, a la formación integral de la persona y
a su relación con el mundo, facetas claves de una vida digna.
Son grandes barreras para la integración y la igualdad de
oportunidades.
En un mundo construido y pensado desde y para el oralismo, no es
difícil imaginar lo que supone carecer de la voz y del oído,
los medios básicos de expresión y comunicación.
Supone no poder acceder a mucha información, no poder aprender,
ni interactuar con la gente. Supone estar abocado al aislamiento,
pero en medio de una multitud, algo parecido a sentir hambre y ver
comida al otro lado de un grueso cristal.
Así es la vida de muchas personas sordas. Hasta hace bien
poco (unos diez años) han estado condenados a la incomprensión.
La causa es que tienen una particularidad: no son extranjeros pero
se expresan en otro idioma, la lengua de signos.
La lengua de signos española (LSE), como su nombre indica,
es un idioma de signos que se basa en el castellano, pero tiene
una entidad propia, con una gramática, “vocabulario”
y estructura propias. Para entendernos, cada signo no siempre se
corresponde exactamente con una palabra. Las frases en lengua de
signos suelen ser más sencillas que en la lengua castellana,
y también aparecen elementos que no existen en ésta.
Para ejecutar los signos se utilizan las manos y los dedos en movimiento
y la relación de éstas con otros elementos corporales
(boca, brazos, ojos, cabeza, pecho, etc.), pero se apoyan también
en los gestos de la cara, incluso en sonidos muy sencillos. Aunque
el vocabulario en sí es menor que el del castellano, la complejidad
de la LSE alcanza sobradamente las posibilidades de expresión
de cualquier lengua hablada, a prácticamente todos los niveles
y registros (tan sólo exceptuando tecnicismos que se va incorporando
progresivamente). Los signos no son exclusividad de la comunidad
sorda. Se utilizan en otras profesiones como los brokers de bolsa,
en las operaciones en tierra de los aviones, etc.
Como sucede en todas las discapacidades su punto de vista es poco
tenido en cuenta por ser minoría. La palabra hablada es,
para todos nosotros, tan cotidiana, que organizar las cosas para
quienes no pueden hablar ni escuchar supone un esfuerzo titánico
para cualquier oyente. Sin embargo, como hemos dicho ya en varias
ocasiones al hablar de las discapacidades, un sociedad hecha únicamente
para las mayorías es una sociedad insolidaria, y por tanto,
egoísta, triste, que prescinde de una parte de sí
misma.
Las personas sordas, desde hace más de 60 años, se
han unido en asociaciones que se agrupan, a su vez, en una federación
a nivel regional (FASICAN), y en una confederación a nivel
nacional, la CNSE. Desde esta plataforma, y con la Constitución
en la mano, defienden sus intereses como ciudadanos de primera.
Sus principales demandas son educativas, pero van mucho más
allá. La vida de un sordo es ya complicada de por sí,
sin tener en cuenta los problemas añadidos que puede tener
cualquier oyente, como salir adelante profesionalmente, adquirir
una vivienda, mantener unas relaciones sociales sanas, entre otros.
La ayuda de un intérprete para determinadas cuestiones puede
conseguir que la vida les sea un poco más fácil. Por
eso desde la CNSE piden a la Administración que articule
y financie una red de intérpretes de lengua de signos que
puedan asistir a cualquier persona sorda para ir al médico,
hacer una gestión administrativa o ejercer cualquier derecho
ciudadano.
Actualmente el Estado apenas da fondos para estas cuestiones. Hay
intérpretes en paro y son muy necesarios. Aunque trabajaran
todos aún no bastarían para atender la demanda.
Educación: juntos o separados, el gran
dilema.
Una de las cuestiones más polémicas es decidir si
los niños sordos deben estudiar en colegios para oyentes,
con la ayuda de profesores especiales o intérpretes en las
clases que lo necesiten, o si es mejor reunirles en colegios especiales
sólo para personas sordas. En el pasado, dice Begoña,
intérprete del SILPES (Servicio de Intermediación
Laboral para Personas Sordas, un proyecto de FASICAN), se pensaba
que los colegios específicos educaban a niños sordos
más seguros de sí mismos, con éxito academico
y mayor autoestima, mientras que la adaptación de los colegios
normales es, hasta la fecha, muy precaria y no consigue ni la integración
ni un nivel educativo aceptable. Los niños con esta discapacidad
se aburren porque en la mayoría de los casos no tienen intérprete
y apenas se enteran de lo que ocurre en la clase. Su comunicación
con los demás alumnos es, a menudo, muy limitada. Y mientras
los demás se divierten en el recreo ellos suelen tener que
acudir al logopeda, que a duras penas intenta convertirlos en hablantes.
En el pasado se ha intentado siempre “hacer hablar”
a los sordos mediante técnicas logopédicas o ayudas
externas (implantes cocleares mediante intervención quirúrgica
últimamentemente o los tradicionales audífonos). Muchos
de ellos, tras cientos de horas intentándolo, no llegan a
un nivel mínimo expresivo. Su lenguaje oral nunca será
operativo. Para que nos hagamos una idea, en la comunidad sorda
existe un analfabetismo funcional del 80%. La comunidad sorda, sin
embargo, prefiere integrarse y disponer en los colegios de la ayuda
de un intérprete, porque hay que acostumbrarse a la relación
diaria con la comunidad oyente.
Gema, María José, Macarena, Davinia, Beatriz, Begoña
y Miguel trabajan en la Federación Canaria de Sordos, que
actualmente se ubica en el antiguo hospicio de Ciudad Jardín
en Las Palmas de Gran Canaria. Beatriz es la trabajadora social
y coordinadora del proyecto: “Es muy importante que se sepa
que ni siquiera existe un censo de personas sordas, no sabemos cuántos
hay, y así no se pueden planificar los servicios necesarios
para atender a estas personas desde la Administración”.
Begoña Pinzolas, intérprete de Lengua Española
de Signos y actual orientadora laboral del SILPES, señala
la grave desventaja que sufre el colectivo desde su infancia. Si
nacen en familias oyentes, generalmente se les obliga a hablar (lo
que les exige un tremendo esfuerzo, como hemos dicho, y frecuentemente
en vano), y si lo hacen en familias sordas se encuentran aislados
en su educación y en su círculo social. Sus amistades,
como es lógico hasta cierto punto, se reducen a la comunidad
sorda que exista en su entorno.
Ante este panorama, es fácil comprender hasta qué
punto es importante el apoyo del resto de la sociedad. Para asegurar
una buena comprensión escrita (una ayuda socorrida) hace
falta una formación completa, en escuelas, institutos y universidades
que permitan el éxito académico a estas personas,
con el apoyo de intérpretes y otras ayudas.
Dinamizar
la comunidad sorda
El ADECOSOR
es una figura fundamental en los servicios a la comunidad sorda. Para
empezar es una persona sorda, y además, ha recibido la preparación
necesaria para dinamizar dicha comunidad, desde la profunda comprensión
de los problemas que les afectan. En FASICAN este trabajo lo lleva
a cabo Miguel Hernández Martín, natural de Las Palmas,
de 42 años, casi dos en esta labor.

La intérprete comienza a hablar mientras Miguel cuenta, en
lengua de signos, los orígenes de este idioma silencioso, pero
tremendamente expresivo. “Antes, en la época de Franco
y anteriormente, no nos dejaban usar la lengua de signos, nos decían
que era una tontería, que no servía, y que aprendiésemos
a hablar. Ahora es otra cosa. Luchamos por que todo el mundo tenga
una pequeña noción de lengua de signos. La comunidad
sorda tiene que hacer un esfuerzo por integrarse y acercarse a la
oyente, y viceversa. Lo mismo que se fomenta el acercamiento de los
países de la Unión Europea mediante las becas Erasmus
mediante el conocimiento de la diversidad idiomática de nuestro
continente, igualmente debería fomentarse el conocimiento de
la lengua de signos y su reconocimiento como lengua en la administración
pública y en todos los ámbitos sociales, en la televisión,
etc. No está de más intentar aprender a hablar oralmente,
pero nuestra lengua, nuestro modo de comunicación, es la lengua
española de signos y no podemos pretender hacer hablar a alguien
que no puede manejarse correctamente en el oralismo. Una persona sorda
no puede entender a otra oyente cuando gira la cabeza, o habla demasiado
deprisa. No puede oír los sistemas de megafonía o las
señales acústicas. Por eso la sociedad, como sucede
con el resto de las discapacidades, tiene que adaptar los servicios
para personas con cualquier tipo de discapacidad, visual, auditiva,
sensorial, intelectual. Se trata de cumplir la Constitución,
y de cambiar la mentalidad”.
Más información:
FASICAN (Federación de Asociaciones de Personas Sordas de Canarias):
www.fasican.org
Juan Rumeu García nš 28, Oficina Central 1-B
S. C. de Tenerife
Telf. 922 21 35 36 - Fax 22 11 42
email: fasican@fasican.org
Delegación de Las Palmas:
C/ Antonio Machado Viglietti nš 1
Edificio Nuestra Señora de Fátima Las Palmas de GC
Teléfono / Fax: 928 23 21 66
delegación-fasican@telefonica.net
©
2007 Obra Social de Acogida y Desarrollo
Actualizado
12 Junio, 2007
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