Número 31 - Junio 2007 - Sección: Reportaje - Especial Ampliación
 
 
Un mundo hecho para oyentes

Las asociaciones de personas sordas luchan por la igualdad y la integración


Uno de los colectivos sociales de más difícil integración es el de las personas sordas. Las discapacidades físicas, a veces, se pueden suplir con sillas de ruedas, muletas, robots, ordenadores, etc., pero las sensoriales, como la sordera, afectan al conocimiento, a la formación integral de la persona y a su relación con el mundo, facetas claves de una vida digna. Son grandes barreras para la integración y la igualdad de oportunidades.

En un mundo construido y pensado desde y para el oralismo, no es difícil imaginar lo que supone carecer de la voz y del oído, los medios básicos de expresión y comunicación. Supone no poder acceder a mucha información, no poder aprender, ni interactuar con la gente. Supone estar abocado al aislamiento, pero en medio de una multitud, algo parecido a sentir hambre y ver comida al otro lado de un grueso cristal.

Así es la vida de muchas personas sordas. Hasta hace bien poco (unos diez años) han estado condenados a la incomprensión. La causa es que tienen una particularidad: no son extranjeros pero se expresan en otro idioma, la lengua de signos.

La lengua de signos española (LSE), como su nombre indica, es un idioma de signos que se basa en el castellano, pero tiene una entidad propia, con una gramática, “vocabulario” y estructura propias. Para entendernos, cada signo no siempre se corresponde exactamente con una palabra. Las frases en lengua de signos suelen ser más sencillas que en la lengua castellana, y también aparecen elementos que no existen en ésta. Para ejecutar los signos se utilizan las manos y los dedos en movimiento y la relación de éstas con otros elementos corporales (boca, brazos, ojos, cabeza, pecho, etc.), pero se apoyan también en los gestos de la cara, incluso en sonidos muy sencillos. Aunque el vocabulario en sí es menor que el del castellano, la complejidad de la LSE alcanza sobradamente las posibilidades de expresión de cualquier lengua hablada, a prácticamente todos los niveles y registros (tan sólo exceptuando tecnicismos que se va incorporando progresivamente). Los signos no son exclusividad de la comunidad sorda. Se utilizan en otras profesiones como los brokers de bolsa, en las operaciones en tierra de los aviones, etc.

Como sucede en todas las discapacidades su punto de vista es poco tenido en cuenta por ser minoría. La palabra hablada es, para todos nosotros, tan cotidiana, que organizar las cosas para quienes no pueden hablar ni escuchar supone un esfuerzo titánico para cualquier oyente. Sin embargo, como hemos dicho ya en varias ocasiones al hablar de las discapacidades, un sociedad hecha únicamente para las mayorías es una sociedad insolidaria, y por tanto, egoísta, triste, que prescinde de una parte de sí misma.

Las personas sordas, desde hace más de 60 años, se han unido en asociaciones que se agrupan, a su vez, en una federación a nivel regional (FASICAN), y en una confederación a nivel nacional, la CNSE. Desde esta plataforma, y con la Constitución en la mano, defienden sus intereses como ciudadanos de primera.

Sus principales demandas son educativas, pero van mucho más allá. La vida de un sordo es ya complicada de por sí, sin tener en cuenta los problemas añadidos que puede tener cualquier oyente, como salir adelante profesionalmente, adquirir una vivienda, mantener unas relaciones sociales sanas, entre otros. La ayuda de un intérprete para determinadas cuestiones puede conseguir que la vida les sea un poco más fácil. Por eso desde la CNSE piden a la Administración que articule y financie una red de intérpretes de lengua de signos que puedan asistir a cualquier persona sorda para ir al médico, hacer una gestión administrativa o ejercer cualquier derecho ciudadano.

Actualmente el Estado apenas da fondos para estas cuestiones. Hay intérpretes en paro y son muy necesarios. Aunque trabajaran todos aún no bastarían para atender la demanda.

Educación: juntos o separados, el gran dilema.
Una de las cuestiones más polémicas es decidir si los niños sordos deben estudiar en colegios para oyentes, con la ayuda de profesores especiales o intérpretes en las clases que lo necesiten, o si es mejor reunirles en colegios especiales sólo para personas sordas. En el pasado, dice Begoña, intérprete del SILPES (Servicio de Intermediación Laboral para Personas Sordas, un proyecto de FASICAN), se pensaba que los colegios específicos educaban a niños sordos más seguros de sí mismos, con éxito academico y mayor autoestima, mientras que la adaptación de los colegios normales es, hasta la fecha, muy precaria y no consigue ni la integración ni un nivel educativo aceptable. Los niños con esta discapacidad se aburren porque en la mayoría de los casos no tienen intérprete y apenas se enteran de lo que ocurre en la clase. Su comunicación con los demás alumnos es, a menudo, muy limitada. Y mientras los demás se divierten en el recreo ellos suelen tener que acudir al logopeda, que a duras penas intenta convertirlos en hablantes. En el pasado se ha intentado siempre “hacer hablar” a los sordos mediante técnicas logopédicas o ayudas externas (implantes cocleares mediante intervención quirúrgica últimamentemente o los tradicionales audífonos). Muchos de ellos, tras cientos de horas intentándolo, no llegan a un nivel mínimo expresivo. Su lenguaje oral nunca será operativo. Para que nos hagamos una idea, en la comunidad sorda existe un analfabetismo funcional del 80%. La comunidad sorda, sin embargo, prefiere integrarse y disponer en los colegios de la ayuda de un intérprete, porque hay que acostumbrarse a la relación diaria con la comunidad oyente.

Gema, María José, Macarena, Davinia, Beatriz, Begoña y Miguel trabajan en la Federación Canaria de Sordos, que actualmente se ubica en el antiguo hospicio de Ciudad Jardín en Las Palmas de Gran Canaria. Beatriz es la trabajadora social y coordinadora del proyecto: “Es muy importante que se sepa que ni siquiera existe un censo de personas sordas, no sabemos cuántos hay, y así no se pueden planificar los servicios necesarios para atender a estas personas desde la Administración”.

Begoña Pinzolas, intérprete de Lengua Española de Signos y actual orientadora laboral del SILPES, señala la grave desventaja que sufre el colectivo desde su infancia. Si nacen en familias oyentes, generalmente se les obliga a hablar (lo que les exige un tremendo esfuerzo, como hemos dicho, y frecuentemente en vano), y si lo hacen en familias sordas se encuentran aislados en su educación y en su círculo social. Sus amistades, como es lógico hasta cierto punto, se reducen a la comunidad sorda que exista en su entorno.
Ante este panorama, es fácil comprender hasta qué punto es importante el apoyo del resto de la sociedad. Para asegurar una buena comprensión escrita (una ayuda socorrida) hace falta una formación completa, en escuelas, institutos y universidades que permitan el éxito académico a estas personas, con el apoyo de intérpretes y otras ayudas.



Dinamizar la comunidad sorda

El ADECOSOR es una figura fundamental en los servicios a la comunidad sorda. Para empezar es una persona sorda, y además, ha recibido la preparación necesaria para dinamizar dicha comunidad, desde la profunda comprensión de los problemas que les afectan. En FASICAN este trabajo lo lleva a cabo Miguel Hernández Martín, natural de Las Palmas, de 42 años, casi dos en esta labor.



La intérprete comienza a hablar mientras Miguel cuenta, en lengua de signos, los orígenes de este idioma silencioso, pero tremendamente expresivo. “Antes, en la época de Franco y anteriormente, no nos dejaban usar la lengua de signos, nos decían que era una tontería, que no servía, y que aprendiésemos a hablar. Ahora es otra cosa. Luchamos por que todo el mundo tenga una pequeña noción de lengua de signos. La comunidad sorda tiene que hacer un esfuerzo por integrarse y acercarse a la oyente, y viceversa. Lo mismo que se fomenta el acercamiento de los países de la Unión Europea mediante las becas Erasmus mediante el conocimiento de la diversidad idiomática de nuestro continente, igualmente debería fomentarse el conocimiento de la lengua de signos y su reconocimiento como lengua en la administración pública y en todos los ámbitos sociales, en la televisión, etc. No está de más intentar aprender a hablar oralmente, pero nuestra lengua, nuestro modo de comunicación, es la lengua española de signos y no podemos pretender hacer hablar a alguien que no puede manejarse correctamente en el oralismo. Una persona sorda no puede entender a otra oyente cuando gira la cabeza, o habla demasiado deprisa. No puede oír los sistemas de megafonía o las señales acústicas. Por eso la sociedad, como sucede con el resto de las discapacidades, tiene que adaptar los servicios para personas con cualquier tipo de discapacidad, visual, auditiva, sensorial, intelectual. Se trata de cumplir la Constitución, y de cambiar la mentalidad”.

Más información:
FASICAN (Federación de Asociaciones de Personas Sordas de Canarias): www.fasican.org
Juan Rumeu García nš 28, Oficina Central 1-B
S. C. de Tenerife
Telf. 922 21 35 36 - Fax 22 11 42
email: fasican@fasican.org
Delegación de Las Palmas:
C/ Antonio Machado Viglietti nš 1
Edificio Nuestra Señora de Fátima Las Palmas de GC
Teléfono / Fax: 928 23 21 66
delegación-fasican@telefonica.net



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Actualizado 12 Junio, 2007

 
 
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