| |
Aixa
Lorenzo
Filóloga
Espejismos
y certezas
|
 |
Emilio
Pascual, en su exquisita obra de literatura (dicen que) juvenil
Días de Reyes Magos – la literatura, como
el amor, no tienen edad –, escribió la poética
oración: Era mayo y exámenes. En este caso,
yo lo parafraseo y comienzo este artículo escribiendo: Era
junio y vacaciones. Sé que ninguno de los dos casos
es exacto, pero se aproximan: eso es, al fin y al cabo, la poesía.
Ni todos los exámenes son en mayo, ni en junio tenemos la
mayoría de nosotros vacaciones, pero casi. Y eso es lo que
cuenta. Ese casi: el verano, las tardes largas, el calor, la alegría,
el mar, la fiestas de los pueblos, los helados, el ocio, la calma…
Todo esto no ha llegado aún, pero se acerca. Y parece que
uno es más feliz cuando lo espera, porque luego, como siempre,
todo sucede de repente, y pasa pronto, y ya es invierno. Por ahora,
disfrutemos.
En medio de esta algarabía de campos en flor y almendros
verdes, yo he decidido rescatar hoy el tema de las pasiones. Lo
hago porque no concibo la vida sin ellas. Y sin embargo, me he ido
dando cuenta poco a poco de que hay muchas personas que pueden sobrevivir
sin llegar a descubrir qué les asombra y les ilumina.
Yo (hablo de mí primero porque soy el único caso que
puedo estudiar sin ofender) siento pasión por los libros.
No se trata de que me gusten, de que me agrade coger un libro en
una tarde de domingo, de que me lleve un ejemplar a la playa. No
se trata, en fin, de que lea ahora en verano, que tengo más
tiempo… No. Me apasionan. Vivo más vidas que la
mía y soy todas ellas. Los libros me hacen sentirme orgullosa,
me ayudan a defenderme, me hacen de espejo, me nublan la vista,
me llenan de sueños, me avergüenzan, me dan bofetadas
ciegas, me producen dolor de cabeza y derraman mis únicas
lágrimas útiles.
Yo soy lo que leo y, gracias a los libros, vivo (mejor).
Es obvio que tengo muchas más razones para vivir, con más
peso y, sobre todo, bastante más importantes. Pero la lectura
es la única mía. Exclusiva. Es mi tesoro. Tan mío
como el anillo para Gollum. Parece broma, pero es eso lo que quiero
expresar: la lectura es así de mía. He leído
durante todos estos años y espero seguir haciéndolo
hasta que pueda. También espero que cuando llegue a no poder,
ya no me dé cuenta.
Partiendo de este sentimiento mío, de esta visceral locura,
creo que todo el mundo debiera disfrutar de una pasión así.
Y éste no es un artículo de estricta defensa de la
lectura, no. No voy a intentar discriminar entre altas y bajas pasiones:
aquellas aceptadas culturalmente como elevadas son de igual valor
emocional para mí como esas otras sostenidas como mero
opio para el pueblo. También quiero dejar claro que,
en ningún momento, hablo de simples aficiones o entretenimientos:
clases de pintura, bricolaje de domingo, ganchillo para las horas
muertas como quien pasa las cuentas de un rosario. No. En este caso,
escribo sobre las pasiones que te quitan el aire, que te conducen
a momentos sublimes, que te cambian el color de una tarde, que te
colocan al pie del abismo.
El fútbol. ¿Por qué no? El fútbol le
ha dado a muchísimas personas algunos de los mejores momentos
de sus últimos años. Si no entiendes que puede ser
una pasión es que nunca has sentido la intensidad del tiempo
de descuento en un partido reñido o nunca has sido consciente
de lo que hay de magistral en una jugada bien hecha.
La fe. Una pasión como otra cualquiera, pero con nombre propio
y asimilada como colectiva. Las buenas homilías, el fervor
que se refleja en los rostros en algunas procesiones, la seguridad
con que se entona el Credo (en este mundo inestable y arriesgado,
poder afirmar Creo en un solo Dios, Padre Todo poderoso
es un lujo del que disfrutan unos pocos), la conciencia limpia,
la comunión, la paz.
La música. El arte que consigue unirnos con lo absoluto,
la eternidad y la maravilla. Donde yo más claramente aprecio
la genialidad de lo que es capaz de hacer el ser humano.
El cine, la pintura, las maquetas, los deportes, la escultura, el
diseño gráfico, los animales, la moda, la fotografía…
No se trata de que te gusten, o te sientas más o menos cercano
a cierto quehacer. No. Se trata de que vivas más feliz haciendo
cualquiera de estas cosas y de que no concibas tu vida sin ella.
¿Tienes algo así? Creo que todos tenemos una pasión
(o varias). Si la conoces ya, enhorabuena. Si no la tienes: ¡a
descubrirla! Échate al camino y recorre para ello, si hace
falta, tu propia Tierra Media.
Me despido con unos versos que canta Aute en su tema La belleza
y que resuenan en mi cabeza siempre que pienso en lo especial de
ser, de existir… Y de saber que se es: Reivindico el espejismo
/ de intentar ser uno mismo / ese viaje hacia la nada / que consiste
en la certeza / de encontrar en tu mirada / la belleza…
Feliz verano.
©
2007 Obra Social de Acogida y Desarrollo
Actualizado
13 Junio, 2007
|
|