Número 31 - Junio 2007 - Sección: Laberintos... - Especial Ampliación
 
 
Aixa Lorenzo
Filóloga

Espejismos y certezas

Emilio Pascual, en su exquisita obra de literatura (dicen que) juvenil Días de Reyes Magos – la literatura, como el amor, no tienen edad –, escribió la poética oración: Era mayo y exámenes. En este caso, yo lo parafraseo y comienzo este artículo escribiendo: Era junio y vacaciones. Sé que ninguno de los dos casos es exacto, pero se aproximan: eso es, al fin y al cabo, la poesía. Ni todos los exámenes son en mayo, ni en junio tenemos la mayoría de nosotros vacaciones, pero casi. Y eso es lo que cuenta. Ese casi: el verano, las tardes largas, el calor, la alegría, el mar, la fiestas de los pueblos, los helados, el ocio, la calma… Todo esto no ha llegado aún, pero se acerca. Y parece que uno es más feliz cuando lo espera, porque luego, como siempre, todo sucede de repente, y pasa pronto, y ya es invierno. Por ahora, disfrutemos.

En medio de esta algarabía de campos en flor y almendros verdes, yo he decidido rescatar hoy el tema de las pasiones. Lo hago porque no concibo la vida sin ellas. Y sin embargo, me he ido dando cuenta poco a poco de que hay muchas personas que pueden sobrevivir sin llegar a descubrir qué les asombra y les ilumina.

Yo (hablo de mí primero porque soy el único caso que puedo estudiar sin ofender) siento pasión por los libros. No se trata de que me gusten, de que me agrade coger un libro en una tarde de domingo, de que me lleve un ejemplar a la playa. No se trata, en fin, de que lea ahora en verano, que tengo más tiempo… No. Me apasionan. Vivo más vidas que la mía y soy todas ellas. Los libros me hacen sentirme orgullosa, me ayudan a defenderme, me hacen de espejo, me nublan la vista, me llenan de sueños, me avergüenzan, me dan bofetadas ciegas, me producen dolor de cabeza y derraman mis únicas lágrimas útiles.

Yo soy lo que leo y, gracias a los libros, vivo (mejor).

Es obvio que tengo muchas más razones para vivir, con más peso y, sobre todo, bastante más importantes. Pero la lectura es la única mía. Exclusiva. Es mi tesoro. Tan mío como el anillo para Gollum. Parece broma, pero es eso lo que quiero expresar: la lectura es así de mía. He leído durante todos estos años y espero seguir haciéndolo hasta que pueda. También espero que cuando llegue a no poder, ya no me dé cuenta.

Partiendo de este sentimiento mío, de esta visceral locura, creo que todo el mundo debiera disfrutar de una pasión así. Y éste no es un artículo de estricta defensa de la lectura, no. No voy a intentar discriminar entre altas y bajas pasiones: aquellas aceptadas culturalmente como elevadas son de igual valor emocional para mí como esas otras sostenidas como mero opio para el pueblo. También quiero dejar claro que, en ningún momento, hablo de simples aficiones o entretenimientos: clases de pintura, bricolaje de domingo, ganchillo para las horas muertas como quien pasa las cuentas de un rosario. No. En este caso, escribo sobre las pasiones que te quitan el aire, que te conducen a momentos sublimes, que te cambian el color de una tarde, que te colocan al pie del abismo.

El fútbol. ¿Por qué no? El fútbol le ha dado a muchísimas personas algunos de los mejores momentos de sus últimos años. Si no entiendes que puede ser una pasión es que nunca has sentido la intensidad del tiempo de descuento en un partido reñido o nunca has sido consciente de lo que hay de magistral en una jugada bien hecha.

La fe. Una pasión como otra cualquiera, pero con nombre propio y asimilada como colectiva. Las buenas homilías, el fervor que se refleja en los rostros en algunas procesiones, la seguridad con que se entona el Credo (en este mundo inestable y arriesgado, poder afirmar Creo en un solo Dios, Padre Todo poderoso es un lujo del que disfrutan unos pocos), la conciencia limpia, la comunión, la paz.

La música. El arte que consigue unirnos con lo absoluto, la eternidad y la maravilla. Donde yo más claramente aprecio la genialidad de lo que es capaz de hacer el ser humano.

El cine, la pintura, las maquetas, los deportes, la escultura, el diseño gráfico, los animales, la moda, la fotografía…

No se trata de que te gusten, o te sientas más o menos cercano a cierto quehacer. No. Se trata de que vivas más feliz haciendo cualquiera de estas cosas y de que no concibas tu vida sin ella. ¿Tienes algo así? Creo que todos tenemos una pasión (o varias). Si la conoces ya, enhorabuena. Si no la tienes: ¡a descubrirla! Échate al camino y recorre para ello, si hace falta, tu propia Tierra Media.

Me despido con unos versos que canta Aute en su tema La belleza y que resuenan en mi cabeza siempre que pienso en lo especial de ser, de existir… Y de saber que se es: Reivindico el espejismo / de intentar ser uno mismo / ese viaje hacia la nada / que consiste en la certeza / de encontrar en tu mirada / la belleza

Feliz verano.



© 2007 Obra Social de Acogida y Desarrollo
Actualizado 13 Junio, 2007

 
 
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