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| Juan
Presa Rioboo
Director de PUNTO DE ENCUENTRO
El cambio
es vida
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Perder
a mi padre este año, después de que mi madre partiera
también de este mundo en 2003, ha significado para mí
una nueva etapa. Sin quererlo y sin ponernos de acuerdo, quienes
colaboramos en la revista hemos coincidido, curiosamente, en este
aspecto de la vida, la pérdida y el cambio, en un número
que iba dedicado fundamentalmente a la ampliación de servicios
y a la preinauguración del nuevo centro de la entidad que
sostiene esta publicación y que supondrá un salto
cualitativo y cuantitativo en nuestra labor en pro de los más
excluidos. Las grandes pérdidas y el sufrimiento que provocan
se convierten en oportunidades de cambio, en páginas que
pasan y nos llevan a otros capítulos del apasionante viaje
de la vida. Son, en definitiva, lecciones que se imparten sin palabras.
La fe que me honro en profesar no sólo me ha permitido despedir
serenamente a los artífices de este ser humano que soy, sino
también retomar la perspectiva trascendente que debe presidir
la existencia de todo cristiano. Se les echa de menos, sí,
pero también se acepta que su camino sigue en otra realidad
y no se permite uno el lujo de sentir tristeza por quien está
disfrutando de una dimensión superior de la existencia.
En esto los creyentes nos empeñamos en no vivir abierta y
plenamente nuestra fe, a veces por respeto a quienes no creen en
la vida eterna. En ocasiones me parece que este respeto puede llegar
a convertirse en un peso que no nos permite elevarnos libremente
hacia ese destino celestial, base de la alegría interior
del creyente. La buena noticia no es sólo que podemos liberarnos
de la esclavitud de lo peor de los instintos humanos (venganza,
odio, egoísmo, etc.) mediante las enseñanzas de Cristo
y el poder de Dios, sino que la esperanza nos anuncia una felicidad
eterna. Perdónenme esta manifestación de fe, pero
precisamente la construcción del nuevo centro Dr. O’Shanahan,
la pasmosa rapidez de las obras y ausencia de accidentes, la implicación
de técnicos, funcionarios, voluntarios, políticos,
trabajadores, y las enormes dificultades superadas me obligan casi
a manifestar mi fe en Aquél que ha promovido, a través
de sus instrumentos, este gran proyecto. ¿Quién puede
decir ahora que Dios se olvida de los pobres?
©
2007 Obra Social de Acogida y Desarrollo
Actualizado
8 Junio, 2007
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