Número 31 - Junio 2007 - Sección: Agricultura ecológica - Especial Ampliación
 
 
Leo Marrero
Especialista en Agricultura Ecológica

Los nutrientes (I)

La ausencia o déficit de un elemento en el suelo da lugar a carencias repercutibles en el desarrollo y producción de la planta; hay casos y situaciones en que el exceso produce toxicidades, estrés y desequilibrios importantes en el desarrollo vegetativo, además de serios problemas medioambientales.


Carencia de nitrógeno

Hoy se conocen muy bien los principales nutrientes que se necesitan para los cultivos y se dispone de abundante información. Veremos, por un lado, los elementos mayores (Nitrógeno, Fósforo, Potasio, Magnesio, Calcio, Hierro y Azufre) y, por otro lado, los elementos menores (Boro, Molibdeno, Manganeso, Cinc, Cobre, Sodio y Cloro).

NITRÓGENO
El nitrógeno es el principal elemento del desarrollo y crecimiento de las plantas, fundamentalmente madera y hojas. También interviene en todos los demás tejidos vegetales. Constituye el eslabón fundamental de su metabolismo, elemento base para la multiplicación celular y del desarrollo de los órganos vegetativos.

La falta de nitrógeno es unos de los problemas más comunes en la nutrición vegetal, trae como consecuencia un raquitismo general de la planta en todos sus órganos, disminución de clorofila en los órganos verdes, deficiencia en la fecundación y merma de las cosechas.



Bacterias de género rizobium que en asociación simbiótica con las leguminosas (habas) fijan el nitrógeno atmosférico en las raíces produciendo los pequeños bultos que se aprecian en la foto.

Nuestra atmósfera contiene aproximadamente un 78% de nitrógeno, pero se encuentra en forma de gas inerte. La mayoría de los organismos vivos son incapaces de utilizarlo directamente, y es necesario que sea “fijado” para poderlo utilizar. El agricultor convencional cuenta con el nitrógeno que compra en sacos, fijado artificialmente de la atmósfera, mientras que el agricultor ecológico dispone de las bacterias del género Rhizobium, en asociación simbiótica con las leguminosas, para hacer asequible el nitrógeno del que se alimentaran las plantas.

En un sistema agropecuario ecológico, con una proporción adecuada de ganado, el uso del nitrógeno atmosférico fijado por estas bacterias permite reducir al mínimo la necesidad de comprar nitrógeno en forma de estiércol.

Un exceso de nitrógeno en cualquier cultivo da lugar a una vegetación excesiva, con un alto peligro para el desarrollo de enfermedades producidas por hongos como el Oidio, Mildiu, botritis, etc... y plagas tan importantes como: cochinilla y pulgones, donde los ataques de ambos se suceden con mucha virulencia .



Cubierta vegetal de leguminosas y cereales

El nitrógeno es el único nutriente que puede ir a parar en grandes cantidades a la atmósfera y este nitrógeno gaseoso se pierde como amonio, óxidos de nitrógeno y nitrógeno molecular responsables entre otros de la denominada LLUVIA ACIDA. También se pierde muy fácilmente disuelto, en forma de iones nitrato por efecto de la lixiviación. Gran parte del aumento de la contaminación de los acuíferos por los nitratos, se debe al nitrógeno artificial usado en la agricultura convencional. Pero el agricultor ecológico no tiene motivos para estar satisfecho, porque sin un tratamiento cuidadoso puede verter cantidades importantes al agua de drenaje, y las pérdidas son más difíciles de reemplazar.
No podemos dejar de hacer un especial énfasis en que el exceso de nitratos es potencialmente cancerígeno.

Fuentes de Nitrógeno
Las procedencias del nitrógeno que entran en un cultivo son muy diversas, desde el nitrógeno atmosférico que cae al suelo arrastrado por las lluvias (unos 15 - 25 Kg N/Ha y año aproximadamente) y las bacterias del género RHIZOBIUM que, en simbiosis con las leguminosas, produce unos bultos en las raíces donde queda fijado el nitrógeno atmosférico. Si observamos un bosque donde no ha intervenido el ser humano para nada veremos que no existe carencia de elementos nutritivos alguna. Sin embargo, en terrenos de cultivos se hace necesario el aporte de este elemento periódicamente; de él podemos disponer mediante la siembra de leguminosas y cereales que, enterrando en el suelo, se nos convierte en un excelente abono verde.

Las ortigas y sus purines son una buena fuente de nitrógeno y hierro, entre otros elementos, y tiene la capacidad de aumentar el sistema inmunológico de las plantas.

El estiércol con restos de poda triturados y correctamente compostado nos aporta una buena cantidad de nitrógeno y otros muchos elementos, contribuyendo a la mejora del suelo tanto física, como química y biológica.
La sangre de animales deshidratada y pulverizada nos proporciona un excelente aporte de nitrógeno orgánico proteico y una cantidad de aminoácidos importante.


Carencia de potasio en tomates

Otra fuente de nitrógeno es el GUANO, resultado de la acumulación durante largo tiempo de las deyecciones y restos de ciertas aves marinas llamadas GUANERAS. Estas aves forman depósitos de mucho espesor situados en muy diversos puntos del globo, principalmente en las costas de Perú y de Bolivia. Los depósitos en las Islas Chinchas (Perú) fueron las que principalmente suministraron por espacio de más de 30 años el guano necesario para el mundo entero; evaluados por Francisco de Rivero (1844 ) en 30 millones de metros cúbicos. También se descubrieron depósitos inmensos en el sudoeste de África: Cabo de Buena Esperanza, Angra Pequeña Malaca, etc. Aunque de peor calidad.
La riqueza de los guanos es muy variable; esto ha dado lugar a su clasificación en nito–guanos o guanos amoniacales y fosfo-guanos o guanos terrosos. Los primeros son ricos en nitrógeno porque proceden de países secos; sin embargo, los segundos son de zonas muy húmedas y lluviosas, son disueltos y arrastrados por las aguas. Los depósitos de guano han sido objeto de una incesante extracción que ha terminado por agotar la mayor parte de los depósitos de guanos ricos en nitrógeno existentes en el Perú, tales como los de las Islas Chinchas y otros que contenían entre 12 y 14 % de nitrógeno y 12% de ácido fosfórico.

FOSFÓRO
El fósforo, como el nitrógeno, es un elemento constitutivo esencial de los tejidos de los vegetales. Las relativas pequeñas extracciones y su casi insolubilidad en el suelo, raramente puede ocasionar deficiencias. El fósforo favorece el desarrollo del sistema radicular, la floración y el cuajado de los frutos. Es fundamental para la fotosíntesis. Los síntomas de deficiencia pueden ser difíciles de diagnosticar. Los cultivos pueden sufrir sin mostrar signos claros de que la causa sea la falta de fósforo. A veces, el exceso de fósforo por encima de la cantidad necesaria para el cultivo puede provocar la disminución de la producción. Debe tenerse muy en cuenta que los suelos con un PH inferior a 5 causan un suministro deficiente de fósforo, el cual es necesario corregir.
El estiércol bien compostado es una buena fuente de fósforo, teniendo en cuenta las pequeñas extracciones que realizan los vegetales y su lenta movilidad en el suelo, difícilmente podemos encontrar una deficiencia de este elemento, al contrario que el nitrógeno que se lava con mucha facilidad. Las cenizas también son una buena de fósforo.

POTASIO
El potasio se encuentra en proporciones elevadas en los tejidos vegetales, conociéndose su importante papel en el metabolismo celular. Tiene una gran importancia sobre el régimen del agua en los tejidos, interviniendo sobre la presión osmótica celular, disminuyendo la transpiración y manteniendo su turgencia. El potasio favorece el desarrollo general de las plantas. Por lo general, las plantas contendrán tanto potasio como nitrógeno, siendo el catión más abundante en las células vegetales. Una deficiencia de este elemento también produce raquitismo general en las plantas y una gran sensibilidad a las enfermedades.

Los síntomas de carencias varían de un cultivo a otro, pero por lo general se produce un amarilleamiento de los bordes de las hojas, en hojas más viejas, seguido de una quemadura marrón o necrosis, o puede aparecer una coloración azul verdosa seguida de un bronceado de toda la hoja. Esta última se produce en plantas de frutas rojas y suele confundirse con las antocianinas que producen ciertas especies. El potasio es retenido con firmeza por el suelo, así es que en condiciones normales, cuando existe una capacidad de intercambio catiónico suficiente, se producen muy pocas pérdidas por lavado. Sin embargo, su solubilidad puede dar lugar a que se lave en suelos ligeros y arenosos. Normalmente, los suelos de textura ligera (arenosos) contienen menos potasio y agotan sus reservas de forma más rápida que los de textura más pesada, como los arcillosos. Si el terreno está cubierto continuamente de materia vegetal, es poco probable que ocurra el lavado, ya que la materia orgánica del suelo retiene el potasio intercambiable. Un abono verde de raíces profundas ayudara a prevenir las pérdidas por lavado y aportará potasio a la superficie, donde puede ser absorbido por el cultivo siguiente.

© 2007 Obra Social de Acogida y Desarrollo
Actualizado 12 Junio, 2007

 
 
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