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Leo
Marrero
Especialista en Agricultura Ecológica
Los
nutrientes (I)
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La
ausencia o déficit de un elemento en el suelo da lugar a
carencias repercutibles en el desarrollo y producción de
la planta; hay casos y situaciones en que el exceso produce toxicidades,
estrés y desequilibrios importantes en el desarrollo vegetativo,
además de serios problemas medioambientales.

Carencia de nitrógeno
Hoy se conocen muy bien los principales nutrientes que se necesitan
para los cultivos y se dispone de abundante información.
Veremos, por un lado, los elementos mayores (Nitrógeno, Fósforo,
Potasio, Magnesio, Calcio, Hierro y Azufre) y, por otro lado, los
elementos menores (Boro, Molibdeno, Manganeso, Cinc, Cobre, Sodio
y Cloro).
NITRÓGENO
El nitrógeno es el principal elemento del desarrollo y crecimiento
de las plantas, fundamentalmente madera y hojas. También
interviene en todos los demás tejidos vegetales. Constituye
el eslabón fundamental de su metabolismo, elemento base para
la multiplicación celular y del desarrollo de los órganos
vegetativos.
La falta de nitrógeno es unos de los problemas más
comunes en la nutrición vegetal, trae como consecuencia un
raquitismo general de la planta en todos sus órganos, disminución
de clorofila en los órganos verdes, deficiencia en la fecundación
y merma de las cosechas.

Bacterias de género rizobium que en asociación
simbiótica con las leguminosas (habas) fijan el nitrógeno
atmosférico en las raíces produciendo los pequeños
bultos que se aprecian en la foto.
Nuestra atmósfera contiene aproximadamente un 78% de nitrógeno,
pero se encuentra en forma de gas inerte. La mayoría de los
organismos vivos son incapaces de utilizarlo directamente, y es
necesario que sea “fijado” para poderlo utilizar. El
agricultor convencional cuenta con el nitrógeno que compra
en sacos, fijado artificialmente de la atmósfera, mientras
que el agricultor ecológico dispone de las bacterias del
género Rhizobium, en asociación simbiótica
con las leguminosas, para hacer asequible el nitrógeno del
que se alimentaran las plantas.
En un sistema agropecuario ecológico, con una proporción
adecuada de ganado, el uso del nitrógeno atmosférico
fijado por estas bacterias permite reducir al mínimo la necesidad
de comprar nitrógeno en forma de estiércol.
Un exceso de nitrógeno en cualquier cultivo da lugar a una
vegetación excesiva, con un alto peligro para el desarrollo
de enfermedades producidas por hongos como el Oidio, Mildiu, botritis,
etc... y plagas tan importantes como: cochinilla y pulgones, donde
los ataques de ambos se suceden con mucha virulencia .
Cubierta vegetal de leguminosas y cereales
El nitrógeno es el único nutriente que puede ir a
parar en grandes cantidades a la atmósfera y este nitrógeno
gaseoso se pierde como amonio, óxidos de nitrógeno
y nitrógeno molecular responsables entre otros de la denominada
LLUVIA ACIDA. También se pierde muy fácilmente disuelto,
en forma de iones nitrato por efecto de la lixiviación. Gran
parte del aumento de la contaminación de los acuíferos
por los nitratos, se debe al nitrógeno artificial usado en
la agricultura convencional. Pero el agricultor ecológico
no tiene motivos para estar satisfecho, porque sin un tratamiento
cuidadoso puede verter cantidades importantes al agua de drenaje,
y las pérdidas son más difíciles de reemplazar.
No podemos dejar de hacer un especial énfasis en que el exceso
de nitratos es potencialmente cancerígeno.
Fuentes de Nitrógeno
Las procedencias del nitrógeno que entran en un cultivo son
muy diversas, desde el nitrógeno atmosférico que cae
al suelo arrastrado por las lluvias (unos 15 - 25 Kg N/Ha y año
aproximadamente) y las bacterias del género RHIZOBIUM que,
en simbiosis con las leguminosas, produce unos bultos en las raíces
donde queda fijado el nitrógeno atmosférico. Si observamos
un bosque donde no ha intervenido el ser humano para nada veremos
que no existe carencia de elementos nutritivos alguna. Sin embargo,
en terrenos de cultivos se hace necesario el aporte de este elemento
periódicamente; de él podemos disponer mediante la
siembra de leguminosas y cereales que, enterrando en el suelo, se
nos convierte en un excelente abono verde.
Las ortigas y sus purines son una buena fuente de nitrógeno
y hierro, entre otros elementos, y tiene la capacidad de aumentar
el sistema inmunológico de las plantas.
El estiércol con restos de poda triturados y correctamente
compostado nos aporta una buena cantidad de nitrógeno y otros
muchos elementos, contribuyendo a la mejora del suelo tanto física,
como química y biológica.
La sangre de animales deshidratada y pulverizada nos proporciona
un excelente aporte de nitrógeno orgánico proteico
y una cantidad de aminoácidos importante.
Carencia de potasio en tomates
Otra fuente de nitrógeno es el GUANO, resultado de la acumulación
durante largo tiempo de las deyecciones y restos de ciertas aves
marinas llamadas GUANERAS. Estas aves forman depósitos de
mucho espesor situados en muy diversos puntos del globo, principalmente
en las costas de Perú y de Bolivia. Los depósitos
en las Islas Chinchas (Perú) fueron las que principalmente
suministraron por espacio de más de 30 años el guano
necesario para el mundo entero; evaluados por Francisco de Rivero
(1844 ) en 30 millones de metros cúbicos. También
se descubrieron depósitos inmensos en el sudoeste de África:
Cabo de Buena Esperanza, Angra Pequeña Malaca, etc. Aunque
de peor calidad.
La riqueza de los guanos es muy variable; esto ha dado lugar a su
clasificación en nito–guanos o guanos amoniacales y
fosfo-guanos o guanos terrosos. Los primeros son ricos en nitrógeno
porque proceden de países secos; sin embargo, los segundos
son de zonas muy húmedas y lluviosas, son disueltos y arrastrados
por las aguas. Los depósitos de guano han sido objeto de
una incesante extracción que ha terminado por agotar la mayor
parte de los depósitos de guanos ricos en nitrógeno
existentes en el Perú, tales como los de las Islas Chinchas
y otros que contenían entre 12 y 14 % de nitrógeno
y 12% de ácido fosfórico.
FOSFÓRO
El fósforo, como el nitrógeno, es un elemento constitutivo
esencial de los tejidos de los vegetales. Las relativas pequeñas
extracciones y su casi insolubilidad en el suelo, raramente puede
ocasionar deficiencias. El fósforo favorece el desarrollo
del sistema radicular, la floración y el cuajado de los frutos.
Es fundamental para la fotosíntesis. Los síntomas
de deficiencia pueden ser difíciles de diagnosticar. Los
cultivos pueden sufrir sin mostrar signos claros de que la causa
sea la falta de fósforo. A veces, el exceso de fósforo
por encima de la cantidad necesaria para el cultivo puede provocar
la disminución de la producción. Debe tenerse muy
en cuenta que los suelos con un PH inferior a 5 causan un suministro
deficiente de fósforo, el cual es necesario corregir.
El estiércol bien compostado es una buena fuente de fósforo,
teniendo en cuenta las pequeñas extracciones que realizan
los vegetales y su lenta movilidad en el suelo, difícilmente
podemos encontrar una deficiencia de este elemento, al contrario
que el nitrógeno que se lava con mucha facilidad. Las cenizas
también son una buena de fósforo.
POTASIO
El potasio se encuentra en proporciones elevadas en los tejidos
vegetales, conociéndose su importante papel en el metabolismo
celular. Tiene una gran importancia sobre el régimen del
agua en los tejidos, interviniendo sobre la presión osmótica
celular, disminuyendo la transpiración y manteniendo su turgencia.
El potasio favorece el desarrollo general de las plantas. Por lo
general, las plantas contendrán tanto potasio como nitrógeno,
siendo el catión más abundante en las células
vegetales. Una deficiencia de este elemento también produce
raquitismo general en las plantas y una gran sensibilidad a las
enfermedades.
Los síntomas de carencias varían de un cultivo a otro,
pero por lo general se produce un amarilleamiento de los bordes
de las hojas, en hojas más viejas, seguido de una quemadura
marrón o necrosis, o puede aparecer una coloración
azul verdosa seguida de un bronceado de toda la hoja. Esta última
se produce en plantas de frutas rojas y suele confundirse con las
antocianinas que producen ciertas especies. El potasio es retenido
con firmeza por el suelo, así es que en condiciones normales,
cuando existe una capacidad de intercambio catiónico suficiente,
se producen muy pocas pérdidas por lavado. Sin embargo, su
solubilidad puede dar lugar a que se lave en suelos ligeros y arenosos.
Normalmente, los suelos de textura ligera (arenosos) contienen menos
potasio y agotan sus reservas de forma más rápida
que los de textura más pesada, como los arcillosos. Si el
terreno está cubierto continuamente de materia vegetal, es
poco probable que ocurra el lavado, ya que la materia orgánica
del suelo retiene el potasio intercambiable. Un abono verde de raíces
profundas ayudara a prevenir las pérdidas por lavado y aportará
potasio a la superficie, donde puede ser absorbido por el cultivo
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©
2007 Obra Social de Acogida y Desarrollo
Actualizado
12 Junio, 2007
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