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José
Antonio González -Dávila
Periodista
Mentiras impías (que
no piadosas)
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Jugamos
con la contradicción en el titular y la hacemos aposta.
De siempre, cuando se quiere justificar la mentira cogida de forma
flagrante, se suele recurrir al apelativo de “piadosa”.
Claro está, si el asunto no alcanza mayor trascendencia y
el engañado es adulto. Si, en otro caso, es una persona menor,
se suele utilizar el diminutivo del sustantivo principal que va
acorde con la edad o tamaño del engañado/a. Aparece
la mentirijilla.
Yendo al grano del asunto que nos ocupa, mantenemos la opinión
de que este mundo está instalado en la mentira. Puede convertirse
todo en una gran mentira en base a la conjunción de un cúmulo
de otras pequeñas que, por cierto, no suelen ser piadosas.
Antes bien, al contrario, son bastante impías.
No tenemos sino que pararnos a pensar en las imágenes y modos
de vida que nos venden desde los distintos estamentos. Sean éstos
políticos, comerciales, mediáticos, etc.
¡Cuántas mentiras no piadosas, es decir, impías,
se dicen en el transcurso de una campaña política!
Nos venden el oro y el moro... del petróleo; porque el de
patera no está bien visto por estos vendedores. Al tiempo,
cuando el ciudadano le reclama la mercancía, resulta que
la industria no da para tanto. Lo malo es que al paso del periodo
interelectoral, el dicho ciudadano se vuelve crédulo, olvidadizo
y pica de nuevo en el mismo anzuelo.
Por otra parte, ¿en qué se fundamenta el mundo del
comercio de gran consumo? La respuesta es obvia: en la publicidad.
Publicidad que, a pesar de todos los códigos éticos
que se pongan sobre la mesa de los profesionales, resulta, con más
frecuencia de la deseada, engañosa. O se utiliza, sibilinamente,
la contrapublicidad. O no tan sibilinamente. Sirva como ejemplo
las campañas que se montan contra determinados productos
inmersos en una soterrada guerra comercial. Recordamos los tiempos
en los que el aceite de oliva era perjudicial para la salud o el
pescado azul resultaba peligroso para las enfermedades cardiacas.
Después del contraataque científico de los que comercian
con los citados productos, resulta que, lejos de ser malos, son
hasta recomendables.
Y como guinda de este impío alegato sobre la mentira, nos
paramos en el fenómeno mediático. La prensa, la radio
y, sobre todo, la televisión se han olvidado, salvo excepciones,
de los principios básicos de los medios. Aquello de informar,
formar y divertir se ha podido convertir en engañar, deformar
y hasta aburrir.
Sobre todo lo primero que hemos citado en esta decepcionante trilogía
de invención a vuelatecla. Pensamos que no es difícil
llegar a un acuerdo entre el que esto escribe y quien lo lee a la
hora de calificar como de mentira el mundo que nos pintan; sobre
todo, insisto, en la televisión.
En nombre del derecho que asiste al empresario o programador televisivo
de usar el medio con libertad, nos hacen comulgar con ideales tipo
grandes hermanos, granjas en las que los más razonables son
los animalitos considerados irracionales, o telenovelas que no sirven
ni para cultivar el lenguaje.
Nos presentan un mundo y una forma de vida que es una absoluta mentira.
Y no lo hacen por piedad, por ocultarnos algo que nos pueda disgustar
o hacer daño. Lo hacen por ese afán desmedido que
tienen los señores que manipulan el medio en ganar dinero.
Un dinero que identifican con el poder; lo cual no deja de ser otra
mentira más.
En conclusión, que se acabaron las mentiras piadosas. Las
que dicen en la actualidad son todo lo contrario. Son impías.
A veces hasta descarnadas. Por concluir con un ejemplo más,
parémonos diez minutos ante cualquier pantalla de las de
más audiencia y escuchemos el griterío que no respeta
la más mínima norma de la ética ni de la estética.
Antes, por poner un caso, se ocultaba el adulterio; ahora se pregona
en los púlpitos electrónicos. Y hasta se cobra por
ello.
Cabría preguntarse cuánto de verdad hay en esas aberrantes
historias. O cuántas impías mentiras nos están
contando, abusando, todo hay que decirlo, de los más intelectualmente
débiles.
© 2004 Obra Social de Acogida y Desarrollo
Actualizado
7 Abril, 2005
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