| |
|
Antonio
Cruz Domínguez
Periodista
Las mentiras de la prensa
|
 |
El
no levantar falsos testimonios ni mentir, del octavo mandamiento
de la Ley de Dios, va dirigido a prohibir el juicio temerario, la
murmuración, la mentira y la calumnia, que desgraciadamente
aparecen con relativa frecuencia en la comunicación personal,
interpersonal y colectiva, y no se excluye de los distintos medios
de comunicación de masas, sobre todo en los últimos
tiempos, en los que parecen proliferar espacios, secciones y tertulias
del denominado mundo de la información rosa, con incidencia
también en las de carácter político e incluso
deportivo.
En periodismo, a la hora de examinar la moral de la noticia, es
fácil detectar una serie de factores que pueden seducir a
la mentira, a la sugerencia difamatoria con visos de calumnia, aunque
sin alcanzar la categoría de tal, e incluso en imágenes
y expresiones que rozan y hasta traspasan los límites de
la pornografía que, cada una en particular y en su conjunto,
constituyen serios ataques contra la verdad, contra el honor personal
y dañan incluso la moral pública. El riesgo es tal,
que parece haberse llegado al extremo de que se pierde en algunos
casos el sentido exacto de la moral, como si se respondiera al principio
de que como lo que interesa es vender el producto informativo, incrementar
la difusión o multiplicar la audiencia, no importa lograrla
a costa de qué tipo o manera de transmitirla al público.
La mentira, en un instrumento cuyo deber y esencia es la información,
se puede disfrazar a través del silencio intencionado que
alcanza el más alto grado de gravedad si ese silencio se
vende por dinero... Mentiras son las medias verdades, las fotografías
trucadas o sin retoque. En los medios radiofónicos y televisados
alcanza el grado de mentira o falsificación de la esencia
o del ambiente a través de la introducción o supresión
de conversaciones, palabras, sonidos o imágenes, añadiendo
o excluyendo aplausos o silbidos.
Formas de mentira, como ataque a la verdad a través de los
medios de comunicación, pueden ser el sensacionalismo, las
exageraciones y simplificaciones, titulares calculados en lugar
de emplazamiento o tamaño tipográfico, ya que, a través
de su orientación, los títulos pueden llegar a destruir
la imparcialidad debida de la noticia que se expresa en el texto
de las informaciones; la recogida y difusión de rumores ciertamente
falsos, incluso aunque sean lanzados como globos-sonda para conocer
la reacción de la ciudadanía ante cualquier supuesto
posible hecho. Otro aspecto de la mentira está en lo que
el periodismo moderno denomina el no acontecimiento periodístico,
que implica convertir en noticia un hecho que no se ha producido,
ni siquiera está previsto cuándo debe producirse.
Se trata de un recurso utilizado por algunos medios a partir de
noticias inventadas, erróneas o basadas en una mera especulación.
En la recepción ofrecido el 17 de abril de 1964 a los participantes
en el seminario de la ONU sobre la libertad de información,
el Papa Pablo VI manifestaba: “La información debe,
ante todo, responder a la verdad. Nadie tiene derecho a propagar
a sabiendas informaciones erróneas o presentarlas con una
luz que desnaturalice su importancia. Nadie tiene tampoco derecho
a escoger de forma arbitraria sus informaciones, difundiendo sólamente
lo que va a favor de sus opiniones, silenciando el resto: se puede
pecar contra la verdad tanto por la omisión calculada como
por una información inexacta... Ha de saber respetar el derecho
de los demás a su buena reputación y no transgredir
el secreto legítimo de la vida privada”.
© 2004 Obra Social de Acogida y Desarrollo
Actualizado
7 Abril, 2005
|
|