Número 21 - Diciembre 2004 - Sección: Opinión
 
 

Antonio Cruz Domínguez
Periodista

Las mentiras de la prensa

El no levantar falsos testimonios ni mentir, del octavo mandamiento de la Ley de Dios, va dirigido a prohibir el juicio temerario, la murmuración, la mentira y la calumnia, que desgraciadamente aparecen con relativa frecuencia en la comunicación personal, interpersonal y colectiva, y no se excluye de los distintos medios de comunicación de masas, sobre todo en los últimos tiempos, en los que parecen proliferar espacios, secciones y tertulias del denominado mundo de la información rosa, con incidencia también en las de carácter político e incluso deportivo.

En periodismo, a la hora de examinar la moral de la noticia, es fácil detectar una serie de factores que pueden seducir a la mentira, a la sugerencia difamatoria con visos de calumnia, aunque sin alcanzar la categoría de tal, e incluso en imágenes y expresiones que rozan y hasta traspasan los límites de la pornografía que, cada una en particular y en su conjunto, constituyen serios ataques contra la verdad, contra el honor personal y dañan incluso la moral pública. El riesgo es tal, que parece haberse llegado al extremo de que se pierde en algunos casos el sentido exacto de la moral, como si se respondiera al principio de que como lo que interesa es vender el producto informativo, incrementar la difusión o multiplicar la audiencia, no importa lograrla a costa de qué tipo o manera de transmitirla al público.

La mentira, en un instrumento cuyo deber y esencia es la información, se puede disfrazar a través del silencio intencionado que alcanza el más alto grado de gravedad si ese silencio se vende por dinero... Mentiras son las medias verdades, las fotografías trucadas o sin retoque. En los medios radiofónicos y televisados alcanza el grado de mentira o falsificación de la esencia o del ambiente a través de la introducción o supresión de conversaciones, palabras, sonidos o imágenes, añadiendo o excluyendo aplausos o silbidos.

Formas de mentira, como ataque a la verdad a través de los medios de comunicación, pueden ser el sensacionalismo, las exageraciones y simplificaciones, titulares calculados en lugar de emplazamiento o tamaño tipográfico, ya que, a través de su orientación, los títulos pueden llegar a destruir la imparcialidad debida de la noticia que se expresa en el texto de las informaciones; la recogida y difusión de rumores ciertamente falsos, incluso aunque sean lanzados como globos-sonda para conocer la reacción de la ciudadanía ante cualquier supuesto posible hecho. Otro aspecto de la mentira está en lo que el periodismo moderno denomina el no acontecimiento periodístico, que implica convertir en noticia un hecho que no se ha producido, ni siquiera está previsto cuándo debe producirse. Se trata de un recurso utilizado por algunos medios a partir de noticias inventadas, erróneas o basadas en una mera especulación.

En la recepción ofrecido el 17 de abril de 1964 a los participantes en el seminario de la ONU sobre la libertad de información, el Papa Pablo VI manifestaba: “La información debe, ante todo, responder a la verdad. Nadie tiene derecho a propagar a sabiendas informaciones erróneas o presentarlas con una luz que desnaturalice su importancia. Nadie tiene tampoco derecho a escoger de forma arbitraria sus informaciones, difundiendo sólamente lo que va a favor de sus opiniones, silenciando el resto: se puede pecar contra la verdad tanto por la omisión calculada como por una información inexacta... Ha de saber respetar el derecho de los demás a su buena reputación y no transgredir el secreto legítimo de la vida privada”.


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Actualizado 7 Abril, 2005

 
 
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Reflexiones sobre ética y práctica publicitarias
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Las mentiras de la prensa
Encuesta: ¿Se fía usted de la gente?
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Mentiras impías (que no piadosas)
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