Número 21 - Diciembre 2004 - Sección: Ensayo
 
 

Agustín Melián
Psiquiatra

Estudio de la mentira

La iconografía describe la mentira como una mujer hermosa de rostro amable y gesto falso, con las manos terminadas en garras y un haz de paja en una de ellas en lugar de una antorcha, que indica lo fugaz de su reinado, una pierna postiza que la delata en sus movimientos, y acompañada de un tigre.

Podemos estudiarlo como fenómeno patológico puro y también como actitud comportamental.

1-. La pseudología fantástica es una forma de mentira patológica que se caracteriza por elaboraciones complejas ordenadas a conquistar la estima de los demás y satisfacer su vanidad, llegándose a adquirir gran habilidad y a identificarse con las fantasías; pero lo que suele comenzar como un juego puede terminar en manos de la Justicia al incurrir en estafas o suplantaciones. Es una actitud psíquica típica de personalidades primitivas, necesitados de estima, o de personalidades histéricas. Pueden tener buen nivel intelectual y porte distinguido pero en ellos se aprecia una ficción continuada, como un actor identificado con su papel. Están más allá del fabulador. Se acaba creyendo su propia mentira.

Las hazañas de pescadores y cazadores o los relatos de éxitos deportivos son mentiras no siempre patológicas en sujetos normales.

2.- Otro tipo de mentira es la producida por excesos de la imaginación, por la persistencia de periodos infantiles, con animación de objetos y creación de fábulas y leyendas. El niño concede vida a los objetos que le rodean, los transforma en héroes. De persistir en el tiempo esta elaboración infantil, la persona vive de ilusiones, tejiendo y destejiendo proyectos, soñando despierta, cayendo en la mitomanía (una enfermedad de la imaginación), elaborando sucesos ficticios en los que la realidad y la fantasía se confunden.

El delirio de imaginación es pura fantasía sin elementos reales. El contenido psicopatológico surge espontáneamente, sin elementos de la percepción. Es propio de los débiles mentales y suelen tener una convicción inquebrantable, causada por la falta de una capacidad crítica que distinga lo real de lo soñado. Dramatizan la vida con una humildad teatral y simulada. El falseamiento de los hechos y la falta de lógica interna en el discurso suele delatar al mitómano.

3.- La mentira, en el sentido de fingir, disfrazar, decir lo contrario de lo que se sabe, reclama intencionalidad y pide memoria para no ser descubierto por su inconsecuencia.
Hay diferentes categorías. Así, en la mentira inocente no se causa perjuicio; en la jocosa se utiliza el chiste y es fácil captar su intencionalidad; en la oficiosa su fin es agradar o servir para alcanzar alguna utilidad propia o ajena, sin dañar al prójimo. Cuando la intencionalidad es perversa (dañar al prójimo) la mentira es perniciosa.

El refranero, como siempre, tiene comentarios penetrantes: así, por ejemplo, dice “al que quiere saber, mentiras a él” (se refiere al trato de castigo que se le debe dar al cotilla). O “más fácil es coger a un mentiroso que a un cojo”.

“La mentira pronto es vencida”. También se usa como expresión hiperbólica que expresa admiración. “Parece mentira”. Otra expresión frecuente, es “miento” para auto corregirse.

Los diferentes pueblos, según sus costumbres y tradiciones, han tenido diferentes tratamientos de la mentira. Hay pueblos que la castigan como algo odioso e infame, una maldición divina; hay otras culturas que la admiten para obtener alguna ganancia, incluso ponderando su oportunidad si el engañado es extranjero, entendiéndose entonces como una conducta meritoria. Otros exaltan el amor a la verdad, considerando la virtud de la veracidad de modo preeminente. Se llega a respetar la veracidad incluso en contra de sí, en la declaración de delitos graves, dando razones de su comportamiento. En ocasiones no se necesitaban testigos en los juicios por ser tan fiable la palabra como un documento.

La admisión de la mentira como chanza es frecuente, así como considerar a los mentirosos como personas ingeniosas y respetables.

Otros mienten para complacer, para crear situaciones agradables, como acto de buena educación.

Algunas culturas le llaman pecado, pero otros consideran que los dioses no castigan el mentir en los negocios. Confucio la recomendó para situaciones puntuales.

El brahmanismo dice que los dioses son la misma verdad y que la veracidad es el más sagrado de todos los deberes. La generosidad y la veracidad es lo más grande del espíritu.

En la mitología griega la mentira no es deletérea; nunca fue virtud nacional la veracidad y a los políticos se les permitía mentir cuando la verdad podía dañar los intereses del Estado. Estatus que parece alargar su mano hasta la actualidad.

El primer código romano, la Ley de las Doce Tablas, condenaba a los testigos falsos con la pena capital.

4.- En cuanto a su valoración moral, la mentira siempre es una falta, pues hay intencionalidad. Se dice lo contrario de lo que se piensa, con ánimo de engañar a otro y ese ánimo pertenece a su esencia, pues desea que el engañado dé fe de lo que atestigua.
No miente el que yerra, porque en su concepto lo que dice es verdadero; ni en las frases hiperbólicas. Ni las frases hechas como el comerciante que dice “vendo más barato que lo que compro”, ni tampoco cuando se habla en términos irónicos.

En términos generales es mas perniciosa la mentira que desea hacer daño que la que intenta evitar un mal, pero nunca es lícito mentir.

Estando la palabra para expresar los conceptos del entendimiento, es contrario al orden natural expresar lo opuesto a lo que hay en la mente, ya que causa un deterioro en las relaciones sociales. Si fuera legítimo mentir no habría seguridad en el trato humano, nadie se fiaría de nadie. Sin embargo, en las culturas clásicas se llegó a admitir cuando se evitaba un gran mal o se lograba un gran bien. El deterioro moral que ocasiona se debe a que se falta contra la caridad y la justicia.

Si la verdad puede hacer daño a un tercero, se puede recurrir a la restricción mental, porque quien pregunta no tiene derecho a saber sobre esa cuestión y por lo tanto se recurren a expresiones ambiguas, para no contestar directamente, permitiendo la simulación, pero teniendo en cuenta que no debe transformarse en hábito ni fomentar la hipocresía.

Hoy es frecuente la postura contraria: los que hacen ostentación de contarlo todo sin custodiar el ámbito de la intimidad. El pudor se ha suprimido. La sinceridad tiene como requisito el contar las cosas solamente a la persona adecuada y en el momento oportuno.

5.- La valoración ético-antropológica ha sido documentada por grandes pensadores.
Podríamos destacar los estudios de Aristóteles, Santo Tomás, San Agustín y Kant.
Alguien se cuestionó si sería legítimo entregarle monedas falsas a un ladrón.

Las mentiras más perversas son las que atentan contra el honor y la fama. En la murmuración se divulgan defectos que incluso siendo verdaderos deben permanecer ocultos. La calumnia es aún mas grave y en ella se le imputa a otro una acción que no ha cometido o un defecto que no posee.

Kant aseveró que “la mentira es un crimen contra uno mismo y una indignidad que le hace despreciable ante sus propios ojos”. Esta acertada observación tiene su fundamento en que el hombre es relación. No es que tenga relación como un añadido, sino que la relación le constituye, de tal modo que cada conexión social estructura al ser. No es idéntica la persona en la relación de amistad que en la relación conyugal aunque sea la misma persona. Este rasgo exige practicar la veracidad en la sociedad como condición necesaria para lograr la felicidad, que se conquista operando sin defecto, haciendo lo que se tiene que hacer. La sociedad es el medio imprescindible donde se puede encontrar la posibilidad de darle plenitud al ser, practicando la generosidad. Es el ámbito donde la responsabilidad se estructura como derecho. La mentira lo destruye impidiendo de esta manera que se logre la grandeza humana.


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Actualizado 7 Abril, 2005

 
 
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