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Agustín
Melián
Psiquiatra
Estudio de la mentira
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La
iconografía describe la mentira como una mujer hermosa
de rostro amable y gesto falso, con las manos terminadas en garras
y un haz de paja en una de ellas en lugar de una antorcha, que indica
lo fugaz de su reinado, una pierna postiza que la delata en sus
movimientos, y acompañada de un tigre.
Podemos estudiarlo como fenómeno patológico puro y
también como actitud comportamental.
1-. La pseudología fantástica es una forma de mentira
patológica que se caracteriza por elaboraciones complejas
ordenadas a conquistar la estima de los demás y satisfacer
su vanidad, llegándose a adquirir gran habilidad y a identificarse
con las fantasías; pero lo que suele comenzar como un juego
puede terminar en manos de la Justicia al incurrir en estafas o
suplantaciones. Es una actitud psíquica típica de
personalidades primitivas, necesitados de estima, o de personalidades
histéricas. Pueden tener buen nivel intelectual y porte distinguido
pero en ellos se aprecia una ficción continuada, como un
actor identificado con su papel. Están más allá
del fabulador. Se acaba creyendo su propia mentira.
Las hazañas de pescadores y cazadores o los relatos de éxitos
deportivos son mentiras no siempre patológicas en sujetos
normales.
2.- Otro tipo de mentira es la producida por excesos de la imaginación,
por la persistencia de periodos infantiles, con animación
de objetos y creación de fábulas y leyendas. El niño
concede vida a los objetos que le rodean, los transforma en héroes.
De persistir en el tiempo esta elaboración infantil, la persona
vive de ilusiones, tejiendo y destejiendo proyectos, soñando
despierta, cayendo en la mitomanía (una enfermedad de la
imaginación), elaborando sucesos ficticios en los que la
realidad y la fantasía se confunden.
El delirio de imaginación es pura fantasía sin elementos
reales. El contenido psicopatológico surge espontáneamente,
sin elementos de la percepción. Es propio de los débiles
mentales y suelen tener una convicción inquebrantable, causada
por la falta de una capacidad crítica que distinga lo real
de lo soñado. Dramatizan la vida con una humildad teatral
y simulada. El falseamiento de los hechos y la falta de lógica
interna en el discurso suele delatar al mitómano.
3.- La mentira, en el sentido de fingir, disfrazar, decir lo contrario
de lo que se sabe, reclama intencionalidad y pide memoria para no
ser descubierto por su inconsecuencia.
Hay diferentes categorías. Así, en la mentira inocente
no se causa perjuicio; en la jocosa se utiliza el chiste y es fácil
captar su intencionalidad; en la oficiosa su fin es agradar o servir
para alcanzar alguna utilidad propia o ajena, sin dañar al
prójimo. Cuando la intencionalidad es perversa (dañar
al prójimo) la mentira es perniciosa.
El refranero, como siempre, tiene comentarios penetrantes: así,
por ejemplo, dice “al que quiere saber, mentiras a él”
(se refiere al trato de castigo que se le debe dar al cotilla).
O “más fácil es coger a un mentiroso que a un
cojo”.
“La mentira pronto es vencida”. También se usa
como expresión hiperbólica que expresa admiración.
“Parece mentira”. Otra expresión frecuente, es
“miento” para auto corregirse.
Los diferentes pueblos, según sus costumbres y tradiciones,
han tenido diferentes tratamientos de la mentira. Hay pueblos que
la castigan como algo odioso e infame, una maldición divina;
hay otras culturas que la admiten para obtener alguna ganancia,
incluso ponderando su oportunidad si el engañado es extranjero,
entendiéndose entonces como una conducta meritoria. Otros
exaltan el amor a la verdad, considerando la virtud de la veracidad
de modo preeminente. Se llega a respetar la veracidad incluso en
contra de sí, en la declaración de delitos graves,
dando razones de su comportamiento. En ocasiones no se necesitaban
testigos en los juicios por ser tan fiable la palabra como un documento.
La admisión de la mentira como chanza es frecuente, así
como considerar a los mentirosos como personas ingeniosas y respetables.
Otros mienten para complacer, para crear situaciones agradables,
como acto de buena educación.
Algunas culturas le llaman pecado, pero otros consideran que los
dioses no castigan el mentir en los negocios. Confucio la recomendó
para situaciones puntuales.
El brahmanismo dice que los dioses son la misma verdad y que la
veracidad es el más sagrado de todos los deberes. La generosidad
y la veracidad es lo más grande del espíritu.
En la mitología griega la mentira no es deletérea;
nunca fue virtud nacional la veracidad y a los políticos
se les permitía mentir cuando la verdad podía dañar
los intereses del Estado. Estatus que parece alargar su mano hasta
la actualidad.
El primer código romano, la Ley de las Doce Tablas, condenaba
a los testigos falsos con la pena capital.
4.- En cuanto a su valoración moral, la mentira siempre es
una falta, pues hay intencionalidad. Se dice lo contrario de lo
que se piensa, con ánimo de engañar a otro y ese ánimo
pertenece a su esencia, pues desea que el engañado dé
fe de lo que atestigua.
No miente el que yerra, porque en su concepto lo que dice es verdadero;
ni en las frases hiperbólicas. Ni las frases hechas como
el comerciante que dice “vendo más barato que lo que
compro”, ni tampoco cuando se habla en términos irónicos.
En términos generales es mas perniciosa la mentira que desea
hacer daño que la que intenta evitar un mal, pero nunca es
lícito mentir.
Estando la palabra para expresar los conceptos del entendimiento,
es contrario al orden natural expresar lo opuesto a lo que hay en
la mente, ya que causa un deterioro en las relaciones sociales.
Si fuera legítimo mentir no habría seguridad en el
trato humano, nadie se fiaría de nadie. Sin embargo, en las
culturas clásicas se llegó a admitir cuando se evitaba
un gran mal o se lograba un gran bien. El deterioro moral que ocasiona
se debe a que se falta contra la caridad y la justicia.
Si la verdad puede hacer daño a un tercero, se puede recurrir
a la restricción mental, porque quien pregunta no tiene derecho
a saber sobre esa cuestión y por lo tanto se recurren a expresiones
ambiguas, para no contestar directamente, permitiendo la simulación,
pero teniendo en cuenta que no debe transformarse en hábito
ni fomentar la hipocresía.
Hoy es frecuente la postura contraria: los que hacen ostentación
de contarlo todo sin custodiar el ámbito de la intimidad.
El pudor se ha suprimido. La sinceridad tiene como requisito el
contar las cosas solamente a la persona adecuada y en el momento
oportuno.
5.- La valoración ético-antropológica ha sido
documentada por grandes pensadores.
Podríamos destacar los estudios de Aristóteles, Santo
Tomás, San Agustín y Kant.
Alguien se cuestionó si sería legítimo entregarle
monedas falsas a un ladrón.
Las mentiras más perversas son las que atentan contra el
honor y la fama. En la murmuración se divulgan defectos que
incluso siendo verdaderos deben permanecer ocultos. La calumnia
es aún mas grave y en ella se le imputa a otro una acción
que no ha cometido o un defecto que no posee.
Kant aseveró que “la mentira es un crimen contra uno
mismo y una indignidad que le hace despreciable ante sus propios
ojos”. Esta acertada observación tiene su fundamento
en que el hombre es relación. No es que tenga relación
como un añadido, sino que la relación le constituye,
de tal modo que cada conexión social estructura al ser. No
es idéntica la persona en la relación de amistad que
en la relación conyugal aunque sea la misma persona. Este
rasgo exige practicar la veracidad en la sociedad como condición
necesaria para lograr la felicidad, que se conquista operando sin
defecto, haciendo lo que se tiene que hacer. La sociedad es el medio
imprescindible donde se puede encontrar la posibilidad de darle
plenitud al ser, practicando la generosidad. Es el ámbito
donde la responsabilidad se estructura como derecho. La mentira
lo destruye impidiendo de esta manera que se logre la grandeza humana.
© 2004 Obra Social de Acogida y Desarrollo
Actualizado
7 Abril, 2005
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