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Alberto
Cabré
Gerente de Publicidad Atlantis
Reflexiones sobre la ética
y la práctica publicitarias
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Hablar
sobre ética y publicidad es una asignatura pendiente,
ya que las personas juzgan la práctica publicitaria de forma
ambivalente. O porque se limitan a criticar el contenido del anuncio
o porque no se tiene en cuenta la corrupción y frivolidad
de la vida social. Por ello la actualidad de la comunicación
exige al investigador y al profesional un planteamiento más
profundo sobre el papel de la ética en la sociedad del conocimiento.
Hoy en día la gente no se cree los anuncios, ya que éstos
no tienen valor de referencia y, al mismo tiempo, existe escepticismo
respecto de la veracidad de los medios. Esto puede deberse a que
los géneros audiovisuales se han difuminado y mezclado, de
forma que la publicidad se ha convertido en un instrumento de comunicación
presente en todos los medios, llegando incluso, a veces, a condicionar
el contenido de éstos. A causa de esta invasión de
la publicidad, ésta ha irrumpido en la vida de las personas
de una forma no siempre correcta (product placement, espectáculo-realidad
tipo GH). Teniendo en cuenta lo anterior no es disparatado afirmar
que la publicidad influye en el conocimiento y la percepción
que de la realidad tienen las personas. De esta forma introduce
nuevos valores que han transformado nociones ya existentes en el
campo del significado de la ética moderna. Es decir, la verdad
ya no es verdad sino plausibilidad, la empiricidad (realidad) se
ha convertido en espectáculo como Gran Hermano, la certeza
se ha transformado en probabilidad y la permanencia en cambio.
La publicidad afecta de modo directo en la vida de las personas
y por ello tiene una relación con la ética en sentido
general. En esta influencia de la publicidad en las personas destacan
algunos aspectos. Primero, está el hecho de si la legislación
en materia publicitaria abarca todos los aspectos de la vida social
a los que ésta afecta. El ámbito profesional publicitario
comprobó que esto no era así y por ello surge la autorregulación
como forma de determinar mejor el funcionamiento de la publicidad.
La autorregulación es el origen de los códigos deontológicos
publicitarios que establecen un conjunto de principios reguladores
que se aconseja cumplir a las empresas, aunque éstas no lo
hagan siempre en todos sus extremos.
Dentro de todos los públicos quizás el más
atractivo desde el punto de vista de la publicidad sean los jóvenes,
y los podríamos dividir en 5 segmentos ordenados en función
de sus intereses culturales, inquietudes y motivaciones.
Estos grupos serían:
- Cultos creativos. Tienen aficiones como el teatro, los
viajes, la fotografía e Internet. Crean culturas y marcan
tendencias.
- Cultos consumistas: interesados por la música, el
yoga, el arte, el diseño y la fotografía. No ven la
televisión, escuchan la radio, y navegan por Internet.
- Pachangueros: les gusta el deporte, la televisión,
la radio e Internet. Pasan del cine y el arte y lo que más
les gusta es salir a bailar e ir de viaje. Leen libros, periódicos.
- Urbanos consumistas: les gusta el deporte, el cine, la
música, la fotografía, Internet y la televisión.
- Urbanos creativos: les gusta la música-rock, deportes
originales, el diseño, la fotografía, Internet y la
televisión.
Conocer los hábitos de compra de estos jóvenes sirve
para conocer sus posteriores decisiones de compra, pero además
hay que estudiarlos desde la perpectiva de grupo, muy influyente
en las decisiones de compra de los adultos.
Los hábitos de consumo, en definitiva, cambian sustancialmente,
por lo que los expertos deben barajar ciertas líneas de actuación,
como asegurar la fidelidad de la marca, conocer los estilos de vida
y considerar el cada vez más potente interés de compra
a través de Internet.
La televisión sigue siendo el medio líder, el 96%
de la población entre los 8 y los 13 años la ven.
Es nuestra responsabilidad preparar a los más pequeños
para su rol como ciudadanos, abrir su mente hacia el pensamiento
crítico, sus derechos y sus responsabilidades. Las tendencias
en los niños han cambiado. Los estudios reflejan que los
niños cada vez leen menos. Según van cumpliendo años
dejan de lado el hábito de la lectura. En el tramo de edad
de 6 a 10 años un 66% de los niños prefieren los juegos
multimedia antes que los juguetes de siempre. En la edad de la adolescencia,
entre 14 y 17 años, y el paso de joven a adulto que comprende
de los 18 a los 25 años, los hábitos y actitudes ante
la vida están perfectamente reflejados, se creen lo más
importante del mundo, al tiempo que son impulsivos, se encuentran
confusos y preocupados por los temas relacionados con ellos mismos.
La moda en esta edad se presenta como la expresión de una
forma de ser y sentir social. Sus referentes y modelos en la vida
pertenecen al mundo del deporte, el cine, la moda, y su forma de
vida está marcada por el consumo.
Los objetos más característicos de estos grupos son:
el móvil, la mochila, el PC, los tatuajes, el cigarrillo,
etc. El sentimiento de responsabilidad es aplazado, y el ocio, junto
con el consumo, son las herramientas del placer.
De ahí la importancia de la publicidad y de la comunicación
en general. Todo se publicita, todo es comunicación. Es fundamental
que la compra de productos y servicios tenga un código ético
de veracidad, de legalidad y realidad. Una parte importante de ese
código es la base educativa, el ambiente familia; precisamente
porque tenemos mucha información, hay que saber distinguir
entre la buena y la mala publicidad. Para ello, la ética
es fundamental.
© 2004 Obra Social de Acogida y Desarrollo
Actualizado
7 Abril, 2005
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