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Jesús García Barriga
Presidente de la Obra Social de Acogida y Desarrollo
Responsabilidad
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Indudablemente
es un reto ser responsable, es un reto también abordar este
tema, que no está muy bien definido ni acotado. Es un término
más del lenguaje común que nos ayuda a formular, a
objetivar en clave positiva o negativa los comportamientos y conductas
desde lo ético y lo moral. Coloquialmente podemos convenir
en que llamamos responsable a aquella o aquellas personas que responden
adecuadamente ante las situaciones múltiples por las que
la vida ordinaria nos conduce, desde lo personal, pasando por lo
familiar, hasta lo laboral-profesional y social.
Siendo estas reflexiones un modo de estímulo a la reflexión
de cada lector (que del tema estará más versado que
un servidor), me permito inexactitudes que animen a una profundización
del asunto que nos ocupa, siempre partiendo del término coloquial.
Todos tenemos muy claro que cuando aplicamos este término
pensando en su ajuste, no olvidamos que no tiene la misma intensidad
ni grado la responsabilidad de un miembro de una cuadrilla de limpieza
pública de un parque de pueblo, que un controlador aéreo,
sin merma de la dignidad que cada persona por el hecho de serlo
tiene.
Se nos antoja que en el momento presente el sentido de la responsabilidad
está un poco “distendido”, y eso no ayuda, o
lo que es peor, hace mucho daño. Porque la sociedad en sus
miembros y en sus instituciones “escurren el bulto”
de la responsabilidad -otro término coloquial que está
poco conceptualizado y que dice mucho-. Es curioso que ocurren fenómenos
muy indicativos en torno a esto: cuando el sentido de la responsabilidad
baja, las pólizas y objetos de los seguros suben. Pensemos,
por poner dos ejemplos: los seguros de automóviles, los seguros
de los profesionales de la medicina, etc....
Las connotaciones negativas de la responsabilidad tienen una repercusión
directa sobre el propio individuo, sobre quienes le rodean o dependen
del resultado de su responsabilidad, y por ende, de la sociedad.
Desde esta revista nos ocupamos de suscitar temas de interés
para la reflexión, y estamos convencidos de que el de la
responsabilidad lo es. Tener o no tener, ser o no ser responsables
es, en definitiva, un tema más de convicción y de
opción personal, de estilo de vida que abarca todas las facetas
del ser humano, más que del ejercicio de tal o cual profesión.
Será esto último más del orden de la capacitación,
que de la condición.
La persona responsable lo es en las pequeñas cosas y en las
grandes, en su vida privada y en las actuaciones públicas.
Pero, indudablemente, las repercusiones de la irresponsabilidad
serán mayores cuanto mayor sea la repercusión que
tal conducta o proceder irresponsable tenga sobre el número
de personas y el grado de repercusión, por ejemplo: el ejemplo
de irresponsabilidad ante el valor de la familia, de los famosos
en la televisión, las repercusiones de las conductas detestables
de personalidades públicas, e incluso, de ídolos a
través de los medios de comunicación de masas, etc.,
etc.
Y aquellos otros que por su gravedad nos conmocionan, y pongamos
como ejemplo el caso de la enferma mental que en la Fundación
“Jiménez Díaz” atentó contra sus
semejantes por no estar tratada de su enfermedad. Y en este asunto
existe actualmente en España una gravísima laguna
que desde esta página quisiera resaltar, por el grave sufrimiento
que está produciendo en los familiares y colectivos que tienen
la desdicha de tener entre los suyos a un enfermo mental.
© 2004 Obra Social de Acogida y Desarrollo
Actualizado
16 Noviembre, 2004
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