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Salvador
García Rodríguez
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Salvador
fue el menor de 11 hermanos, hijo póstumo como consecuencia
de la Guerra Civil española, vino al mundo el 16 de febrero
de 1938 en la ciudad de Telde, Gran Canaria.
Su madre, viuda y sola, tuvo que sacar adelante a esta gran familia,
trasladándose a Las Palmas, concretamente al Puerto, donde
llevó al pequeño Salvador al colegio Luis Antunez,
de los Hermanos de La Salle, donde adquirió sus primeros
conocimientos. Cuando contaba alrededor de los 13 años pasó
al colegio Salesiano, donde le enseñaron el oficio de sastre.
A los 21 años, ya casado y con la primera de sus siete hijos
ya nacida, tiene que cumplir el Servicio Militar en Melilla, donde
le destinan al taller de sastrería y en el que hacía
los uniformes para los oficiales del Ejército.
Una vez licenciado, cansado de la aguja y con ganas de prosperar
(la familia iba en aumento), conoce a un magistrado de la época
que le posibilita su entrada en el Puerto de la Luz y de Las Palmas.
Forma parte de la plantilla de estibadores, y encabeza las primeras
manifestaciones en pro de las mejoras laborales “cuando éstas
estaban mal vistas y costaba la cárcel”, tras las cuales
se consiguien los primeros objetivos marcados por los trabajadores
afectados.
El porqué y cómo llegó Salvador a esta Casa
hace ya 8 años obedece a las múltiples causas que
afectan al complejo entramado del Ser Humano. Con todo, Salvador
ha aprendido a vivir con sus deficiencias, ya que cada vez le cuesta
más andar. Pero no se queja, sino que da ánimos al
que está cerca o pasa a su lado. Una de las cosas que más
feliz le hace es que sus nietos le lleven a pasar unos días
a casa.
Tras muchas penas y trabajos, después de sufrir el abandono
más absoluto, hoy Salvador García es un ejemplo de
cómo dar sentido al sufrimiento sin amarguras inútiles.
Texto de Doris Benítez
© 2004 Obra Social de Acogida y Desarrollo
Actualizado
17 Noviembre, 2004
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