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Elisa
Bravo de Laguna

Dña. Elisa Bravo de Laguna fue
una de las primeras Bienhechoras de esta Obra Social de Acogida
y Desarrollo cuando, buscando adquirir un inmueble donde poder realizar
nuestra misión, la providencia quiso que nos fijáramos
en el nš 18 de la C/. Juan de Quesada.
Antes de instalarnos y comenzar las actividades propias de la Obra,
me personé en la casa de los vecinos más próximos
para explicar pormenorizadamente nuestro propósito y ahuyentar
temores y suspicacias, pues siempre las hay en torno a este tipo
de actividades. Fue el día 15 de mayo de 1992 (lo recuerdo
con agrado), cuando me recibió en la puerta una señora,
que tras presentarme y explicarle el motivo de mi visita, me invitó
a entrar y me sirvió una tacita de café con pastas.
Mientras transcurría nuestro encuentro,
sus preguntas fueron las imprescindibles, quedando, según
podía constatar, satisfecha con las explicaciones.
A las pocas semanas la Casa era nuestra, y en el mes de junio fue
acondicionada y ocupada como Casa Hogar. El Taller de Carpintería
tardó un poco más; tuvo que ser en septiembre, cuando
se trasladó desde la C/. Padre José de Sosa, 15. Fue
muy intensa la actividad, y como ella era la vecina más cercana,
y los otros inmuebles estaban abandonados (albergaban alguna institución,
o despachos, y teniendo la calle una sola acera) fue la principal
testigo de nuestro estilo. Pronto nos acostumbramos a verla con
su carrito de la compra y en chándal. Casi sin darnos cuenta
pasó a ser parte de la Casa, y nosotros notábamos
que también la Obra ocupaba un lugar privilegiado en su vida.
Lo que más le sorprendía a doña Elisa lo podemos
resumir en la pregunta que con frecuencia me formulaba: “¿cómo
se puede mantener tanta gente, Hermano?, ¿cómo guardan
el orden y el respeto?”. La sana convivencia, el ambiente
de familia que se respira en la Casa, todo esto hizo que ella recibiera,
como magnífica anfitriona, a la Obra. La introduce en el
lugar y la propaga entre sus amistades y conocidos. Acude a las
convocatorias de la Obra desde la discreción y la eficacia.
Pero sobre todo, su amor a la Obra lo expresa en el día a
día, en la convivencia de vecindad, donde su amor a la Obra
y a los que la formamos hace que hoy la podamos recordar como una
de las Damas que han vivido mejor el espíritu de la Obra
y que la ha llevado en el corazón. Hasta en su lecho de muerte
se ocupó de preguntarnos como iba todo.
Nuestra forma de tenerla siempre viva y presente es dejar constancia
por escrito de la vinculación que nos unió durante
aquella parte de su vida.
Hno. Jesús García Barriga
PRESIDENTE DE LA OBRA SOCIAL
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