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Domingo Naranjo
Lantigua
Recordar a don Domingo Naranjo Lantigua es
un deber para quienes tuvimos la suerte de conocerlo y fuimos depositarios
de su confianza, testigos de su proceder como hombre de bien. Trabajador
incansable, supo conjugar el pragmatismo con el riesgo que conlleva
ser empresario ejemplar, gerente, cauto, audaz y justo. Dejó
una estela que ahora no es fácil para mí resumir,
pero sin riesgo a equivocarme ni a caer en la adulación,
dos cosas tan contrarias al talante de don Domingo, puedo afirmar
que ha dejado una obra grande y polifacética: su familia,
el estilo perpetuado en su empresa, el uso ecuánime y solidario
que dio a los bienes de este mundo y que ganó trabajando.
Fruto de su formación y convicción
como humanista cristiano, su fe fue tal que desde su edad adulta
se le conoce como solidario. Su preocupación y ocupación
fue, sobre todo, la infancia doliente, sin dejar de atender todo
tipo de necesidades.
Creó la Fundación Naranjo Galván, que tanta
marginación remedia y tanto dolor consuela.
A las personas las conocemos por sus obras; y por eso hoy podemos
agradecer a la Providencia que nos regalara un hombre íntegro
y de fe recia. Su herencia más preciada es el ejemplo, que
perdurará seguro entre su familia, sus amigos y todos los
que le conocimos.
Descanse en paz don Domingo, que nos ocuparemos, como usted hizo,
de mejorar todo aquello que depende de nuestra voluntad, esfuerzo
y constancia, siguiendo su ejemplo... Aunque sólo sea un
leve reflejo de su personalidad.
Las Palmas de Gran Canaria,
a 3 de agosto de 2004
Hno. Jesús García Barriga
PRESIDENTE DE LA OBRA SOCIAL
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